De Todas las Perdidas: LA Perdida


Cuando en algún momento de nuestra vida nos encontramos ante una situación que ya por penosa, limite o frustrante no sabemos como actuar, nos podemos sentir perdidos, agobiados hasta el punto de provocar en nosotros una fuerte angustia.

Por lo general esa sensación de angustia se vive tanto en nuestros pensamientos (negativos, tristes, desesperanzados), como en nuestro cuerpo (decaimiento, taquicardia, dolor en el pecho, opresión en el estomago, etc.). Varias teorías sostienen que esa sensación no es otra cosa que un recuerdo al 1er momento de crisis que tuvimos en nuestra vida, que no casualmente es la misma para todos, es decir el momento del nacimiento.
Y es claro, el bebe, luego del vientre materno, debe soportar un fuerte y agresivo desequilibrio, dado que no solo debe adecuarse a un medio distinto de respiración, (pasa de un medio liquido a uno gaseoso, lo que implica un fuerte "dolor en el pecho") sino a una actividad física muy "manoseada" (de estar cómodo con una temperatura ideal, "flotando", pasa a una temperatura y un ambiente distinto, como muchos que lo pasan de mano en mano)… y así podemos seguir comparando y ver que las sensaciones del bebe son mas bien traumáticas sin lugar a dudas.
Entonces, vemos que una angustia nos representa el momento de la crisis del nacimiento, nuestro 1er momento traumático. También podemos ver porque se asocia a una sensación de perdida, de algo irremediable, de algo que por ser nuevo o distinto no nos permite una rápida adaptación.
Obviamente nuestro yo desde ese momento no estará muy complacido de tener que repetir esa experiencia, y si su estructura es mas o menos sana, apenas encuentre la posibilidad intentara evitarla. Para ello acude a los mecanismos de defensa, de los cuales ya hemos hablado en otras oportunidades (negación, proyección, represión, sublimación, etc.). Pero si la situación lo supera, la angustia es inevitable y se debe someter a ese proceso… la mayoría de las veces marcado por el duelo.
"Ninguna pérdida debe sernos más sensible que la del tiempo, puesto que es irreparable." Zenon



Esa sensación de perdida, en muchos casos nos lleva en forma inconciente al extremo del ser, el "no ser", es decir la muerte. Y así, podemos ver que los casos graves de angustia, son como "muertos en vida", es como que toman el lugar del objeto perdido y se "mueren con sus muertos". Según el existencialismo, se puede denominar como un "vacío existencial", un vacío por fuera en un proyecto de vida que se derrumba, que no se puede valorar, y un vacío por dentro en una vida sin sentido. Según el psicoanálisis, esto se debe a que la libido (mi energía pulsional) esta perdida en aquello que se fue, como si se desgarrara una parte nuestra dejándonos ese vacío dentro nuestro.
El poder superar estas situaciones necesita un tiempo, como una herida necesita cicatrizarse. Solo veremos que es un duelo patológico cuando el tiempo exceda lo esperado y la persona no recupere su fuerza vital.
Podemos concluir que como en el nacimiento, toda perdida es un empezar de nuevo, un someterse a una nueva etapa, distinta, porque ya no tenemos aquello que perdimos (dado que en realidad no lloramos por lo que se fue, sino por lo que nosotros perdimos con lo que se fue). Y al igual que en todo despertar, en todo amanecer, se nos abre la necesaria sensación de tener que afrontar un día, un reto tal como es la vida, y debemos buscar dentro nuestro los motivos (que seguramente tenemos, por mas que en ese momento nos cueste ver) para seguir adelante en ese hermoso desafío que es vivir.
La muerte os espera en todas partes; pero, sí sois prudentes, en todas partes la esperáis vosotros.

San Bernardo.